lunes, julio 15, 2024
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Fungicidas: cómo elegir la opción más eficaz para proteger tus cultivos

SIMA es un Sistema Integrado de Monitoreo Agropecuario, y busca facilitar la gestión del cultivo, facilitando la adopción de decisiones más asertivas en el campo.

Las enfermedades de las plantas son responsables por pérdidas significativas en la producción agrícola en todo el mundo. Según un estudio de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), las pérdidas en la producción de alimentos por enfermedades de las plantas pueden llegar al 30%, siendo los hongos la principal causa.

Es en este escenario donde entran en juego los fungicidas, compuestos químicos que actúan en la prevención y control de estas enfermedades en las plantas.

Sin embargo, elegir la opción correcta puede ser una tarea desafiante. En este artículo, presentaremos algunos consejos importantes para ayudarte a elegir el fungicida ideal para tus plantas.

Para elegir el fungicida correcto es importante tomar en cuenta distintos factores, como el tipo de cultivo a tratar, la etapa de desarrollo de la planta, las condiciones climáticas, los patógenos presentes, la severidad de la infección, entre otros.

El primer paso es entender las principales enfermedades que afectan al cultivo que se va a sembrar, esto permitirá elegir el producto que sea más efectivo contra la enfermedad específica que está afectando a las plantas en cuestión. Son varias las enfermedades fúngicas que afectan a los cultivos como la roya asiática de la soja (Phakopsora pachyrhizi), la mancha blanca del maíz (Phaeosphaeria maydis), la mancha del algodón (Alternaria macrospora), la podredumbre roja de la caña de azúcar (Colletotrichum falcatum) y muchas otras. 

Una vez identificadas las enfermedades que amenazan al cultivo, es fundamental tener conocimientos técnicos para elegir los productos más adecuados, que puedan actuar para prevenir o controlar los patógenos. Pero, ¿cómo elegir la opción correcta de moléculas para proteger sus cultivos? La respuesta pasa por comprender los mecanismos de los diferentes fungicidas y sus especificidades, tomando atención a la forma en que actúan para inhibir el crecimiento y desarrollo del patógeno.

Los fungicidas se pueden dividir en dos grandes grupos: fungicidas de contacto, que permanecen en la superficie de la planta, y fungicidas sistémicos, que se absorben y distribuyen por todo el sistema de la planta. Es importante comprender estas diferencias para elegir la opción más adecuada.

Fungicidas de contacto

Los fungicidas de contacto, también conocidos como fungicidas tópicos o inmóviles, tienen una acción protectora y son utilizados para prevenir nuevas infecciones fúngicas. Se aplican directamente sobre las partes de la planta que necesitan ser protegidas, creando una capa protectora que evita que los hongos entren en el tejido vegetal. Se recomiendan para la prevención de una amplia variedad de enfermedades de las plantas, como roya, mildiú, pudrición, entre otras. 

Los principales productos clasificados como productos de contacto son el cúprico, a base de azufre o estaño, así como los ditiocarbamatos, folpet, clorotalonil y otros.

Es importante recalcar que los fungicidas de contacto no son efectivos contra todas las enfermedades fúngicas, variando en relación a la especie y etapa de infección del hongo, su efectividad también está influenciada por las condiciones ambientales.

Los fungicidas sistémicos y mesostémicos 

Tienen cierta movilidad dentro de la planta y actúan de diversas maneras para proteger los cultivos contra enfermedades fúngicas. Los sistémicos son absorbidos y distribuidos por toda la planta a través de su sistema vascular, lo que los hace más efectivos para combatir infecciones internas y más generalizadas.

Los mesositemicos también tienen movilidad en la planta, sin embargo de manera más limitada, estando distribuidos sólo dentro del mismo órgano de la planta, a su vez tiene poca o ninguna distribución a través del sistema vascular.

Entre los principales grupos de fungicidas que tienen cierta movilidad en la planta podemos mencionar los benzimidazoles y tiofanatos, triazoles, nuevas carboxamidas como el bixafeno, estrobilurinas, entre otros.

Además, es importante enfatizar que estos fungicidas tienen diferentes niveles de selectividad, es decir, algunos pueden afectar solo a ciertos grupos de hongos, mientras que otros pueden afectar a un amplio espectro de microorganismos. Por ello, es fundamental informarse sobre las recomendaciones de cada producto formulado, consultando el prospecto y sus indicaciones para cada cultivo, con el fin de garantizar la máxima eficacia del tratamiento. 

Los mecanismos de acción de los fungicidas y la importancia del conocimiento en el manejo de las antirresistencias

Como ya visto, un fungicida puede ser móvil o inmóvil dentro de la planta, y cada molécula química tiene un mecanismo de acción, actuando de diferentes formas contra el patógeno. El Comité de Acción de Resistencia a Fungicidas (FRAC) agrupa los productos en los siguientes mecanismos de acción:

A. Síntesis de ácidos nucleicos

B. Mitosis y división celular

C. Respiración

D. Síntesis de aminoácidos y proteínas

E. Transducción de señales

F. Síntesis de lípidos e integridad de la membrana

G. Biosíntesis de esteroles en membranas

H. Biosíntesis de la pared celular

I. Síntesis de membranas en la pared celular

M. Acción multisitio

P. Inducción de defensa de la planta huésped

NC. desclasificado

Mecanismo de acción desconocido

Cada uno de estos grupos se clasifican en subgrupos, con una forma de acción específica. Entender dónde actúa el producto en la estructura del patógeno es fundamental en el manejo de la resistencia, ya que muchos productos comerciales tienen diferentes nombres, pero actúan sobre la misma estructura del hongo. La repetición de la forma de ataque del patógeno puede culminar en su resistencia al producto, el cual puede perder su efectividad y limitar las opciones futuras del productor para proteger su cultivo.

En ese sentido, se recomienda al productor que observe en el folleto la indicación del actuación del compuesto, realizando una rotación de los mecanismos de acción de los fungicidas, buscando aplicar productos que actúen de diferentes formas contra los hongos.

Una estrategia que ha sido muy indicada en el manejo de antirresistencias es la incorporación en aplicaciones de mezclas con productos de mecanismo multisitio. Esto se debe a que los productos con esta clasificación actúan en diferentes puntos metabólicos del hongo, lo que dificulta que el  mismo desarrolle resistencia. Dentro de los multisitios podemos mencionar mancozeb, clorotalonil, cúpricos y base de azufre.

Seguridad en la elección y aplicación de fungicidas

Otro factor importante a considerar al elegir un fungicida es su toxicidad. Algunos fungicidas pueden ser tóxicos para humanos y animales, dañando el medio ambiente. Por lo tanto, es importante evaluar y dar preferencia a un fungicida que sea más seguro para usar en sus cultivos. Antes de comprar un fungicida, verifique la clasificación toxicológica. Los fungicidas con clasificación toxicológica de clase III y IV son considerados menos tóxicos para el medio ambiente, mientras que los fungicidas con clasificación de clase I y II son considerados más peligrosos. Busque siempre la orientación de un agrónomo y estar atento a las recomendaciones contenidas en el folleto o prospecto del producto formulado.

Los fungicidas son productos que se someten a varias pruebas antes de ser liberados para su uso, considerándose seguros. Sin embargo, hay que tener en cuenta el período de gracia, que es el tiempo que transcurre entre la aplicación del fungicida en el campo y la cosecha del alimento. Este plazo varía según el producto y debe respetarse para garantizar la seguridad de los consumidores.

Para asegurar la eficacia de los fungicidas, es fundamental seguir las recomendaciones de dosificación y aplicación recomendadas por los fabricantes. Además, es importante adoptar buenas prácticas agrícolas, como la rotación de cultivos y el uso de variedades resistentes a enfermedades, para reducir la dependencia del uso de productos químicos.

El monitoreo del cultivo es una práctica fundamental para optimizar la producción, ya que es clave para la identificación inicial de enfermedades, además de permitir evaluar la eficiencia de los productos y la gestión adoptada en el cultivo. SIMA es un Sistema Integrado de Monitoreo Agropecuario, y busca facilitar la gestión del cultivo, facilitando la adopción de decisiones más asertivas en el campo.

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