El biodiesel tocó mínimos y miró al Senado en busca de ayuda
Las exportaciones del primer cuatrimestre fueron las más bajas desde que arrancó la actividad en 2008 y la industria opera con tres cuartas partes de su capacidad parada. El sector espera que el debate por la nueva Ley de Biocombustibles le ponga un piso a la demanda.
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La industria argentina del biodiésel atraviesa uno de sus peores momentos y volvió a poner los ojos en el Congreso. Entre enero y abril de este año las exportaciones alcanzaron apenas 30.360 toneladas, el menor nivel registrado para ese período desde que comenzó la producción de biodiésel en la Argentina, en 2008, según la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR).
Aunque hubo una leve mejora interanual, la foto general sigue siendo de baja actividad. La producción acumulada en el primer cuatrimestre fue de 308.565 toneladas, un 16% más que en igual período de 2025, pero todavía un 25% por debajo del promedio de los últimos cinco años y el tercer total más bajo desde 2010. En paralelo, la industria opera con cerca del 75% de su capacidad ociosa y, de acuerdo con la BCR, la producción de los últimos dos años se ubicó aproximadamente un 50% por debajo del promedio histórico del sector.
El golpe más fuerte llegó por el lado externo. Una actividad que nació con fuerte orientación exportadora pasó a depender cada vez más del mercado interno: el año pasado las exportaciones totalizaron apenas 273.386 toneladas, el volumen más bajo desde que existen registros. Las ventas locales treparon hasta representar el 90% del total en el primer cuatrimestre de 2026, frente al 72% de 2025, lo que explica por qué la caída productiva se concentra casi enteramente en la merma de los envíos al exterior.
El panorama internacional no ayuda. La BCR advirtió que la Unión Europea —hoy el único mercado de exportación para el biodiésel argentino— podría avanzar con una resolución que limite o directamente impida nuevos envíos. El retroceso es estructural: la participación argentina en la producción mundial de biodiésel pasó del 7,8% en 2017 al 1,8% en 2024.
En ese contexto, el sector mira al Senado. El Gobierno impulsa un proyecto de ley —en discusión en la Cámara alta— que establece cortes obligatorios del 15% de etanol en naftas y del 10% de biodiésel en gasoil, con la idea de un mercado más transparente y competitivo. La iniciativa propone derogar la normativa actual para ir hacia un mercado desregulado, con aumento gradual de los cortes, un mercado electrónico único y fuertes multas para los infractores. Hoy la Ley 27.640 fija un corte del 7,5% de biodiésel en gasoil y del 12% de bioetanol en naftas.
El impacto de una suba del corte sería considerable. Teniendo en cuenta el consumo promedio anual de gasoil de los últimos cinco años, se necesitarían alrededor de 1,3 millones de toneladas anuales de biodiésel si se aprobara el corte del 10%, un 33% más que con la tasa actual del 7,5%, un volumen que le pondría un piso a la producción más allá de las posibilidades de exportación.
Mientras el debate avanza, los precios siguen su rumbo propio: para junio la Secretaría de Energía fijó el valor de adquisición del biodiésel destinado al corte con gasoil en $1.858.424 por tonelada. Para una industria concentrada en el Gran Rosario y con la mayoría de sus plantas funcionando a media máquina, la sanción de un nuevo régimen aparece como la principal —y casi única— vía de recuperación.

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