El INTA presenta avances en mejoramiento genético de alfalfa para sistemas productivos resilientes
El director del INTA Manfredi expuso en China cómo la integración de edición génica y nuevas herramientas tecnológicas permite desarrollar variedades de alfalfa más adaptadas a condiciones climáticas variables.
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En el marco de la Conferencia Académica Internacional sobre Bienestar Agrícola 2026, organizada por el Departamento de Agricultura y Asuntos Rurales y la Academia de Ciencias Agrícolas de Shandong, el director del INTA Manfredi, Ariel Odorizzi, presentó los últimos avances en el mejoramiento genético de la alfalfa. El especialista destacó el rol estratégico de esta especie perenne para fortalecer la biodiversidad y mejorar la estructura del suelo.
El eje central de la presentación fue la implementación de la enviromics, un enfoque que permite integrar datos genómicos, fenotípicos y ambientales. Esta herramienta facilita una caracterización más precisa de las condiciones donde se evalúan los materiales, permitiendo anticipar su adaptación frente a escenarios de mayor variabilidad climática.
El mejoramiento genético tiene el poder de influir en el desempeño y la resiliencia de todo el sistema productivo.
El INTA Manfredi cuenta con una trayectoria de varias décadas en la materia, trabajando en líneas que buscan aumentar la persistencia y la resistencia a plagas y enfermedades. Mediante convenios de vinculación tecnológica, como el que mantiene con la empresa Palo Verde, el organismo ha logrado registrar 6 variedades comerciales. Actualmente, el programa evalúa alrededor de 40 poblaciones experimentales.
El trabajo de selección se realiza de forma articulada con otras unidades del organismo. Con el INTA Santiago del Estero se analizan materiales frente a sequía y salinidad, mientras que con el INTA Rafaela se trabaja en condiciones de anegamiento. Asimismo, equipos de Castelar avanzan en el uso de edición génica para incorporar tolerancia a factores de estrés abiótico.
El mejoramiento genético no se trata solo de producir mejores plantas. Se trata de diseñar sistemas agrícolas más resilientes.
Según explicó Ariel Odorizzi, la integración de estas tecnologías no busca reemplazar el mejoramiento convencional, sino complementarlo para acelerar los procesos de selección, que pueden demandar entre 8 y 12 años hasta la obtención de una variedad comercial.
