lunes, julio 15, 2024
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Las claves para resguardar las áreas protegidas contra mosca de los frutos

Prevenir esta plaga es clave para evitar el impacto económico que puede generar en la producción frutihortícola nacional.

La mosca de los frutos es considerada una de las plagas de mayor incidencia para la producción frutihortícola de la Argentina debido a los daños que produce en la fruta y al impacto económico y social asociado.

Controlar la presión de esta plaga en el territorio nacional es fundamental para resguardar el estatus sanitario de las áreas protegidas, como son la región patagónica y las provincias de San Juan y Mendoza, que por su condición fitosanitaria representan grandes beneficios para el país en concepto de exportaciones tanto por el ahorro de tratamientos cuarentenarios y de logística al exportar, como por el ingreso de divisas producto de la inserción de fruta de calidad en mercados internacionales.El Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa), a través de su Programa Nacional de Control y Erradicación de Mosca de los Frutos (PROCEM), busca reducir este impacto desarrollando sus acciones sobre las plagas Ceratitis capitata (mosca del Mediterráneo) y Anastrepha fraterculus (mosca sudamericana).

Las acciones de prevención tienen dos sujetos fundamentalmente: quienes se dedican a la producción frutihortícola y quienes viajan por el país. Los primeros son actores principales en el manejo de la plaga, ya que su accionar es de fundamental importancia para lograr el éxito del control fitosanitario; mientras que los segundos pueden representar una amenaza latente para la dispersión de la plaga en el país al ingresar frutas a las áreas protegidas.

Considerando la importancia socioeconómica de los logros obtenidos en las regiones protegidas y los compromisos vigentes con los mercados destinatarios de las producciones de estas áreas, el Senasa refuerza las principales medidas de prevención contra esta plaga a fin de mantener la calidad y cantidad de la producción argentina.

La prevención, la clave: producir y controlar

Dentro de cada región, todas las acciones en campo están integradas al sistema de vigilancia del Procem. Entre las medidas de control se incluye la TIE (técnica del insecto estéril), complementada con acciones de control químico y cultural, y trampeo masivo.

Específicamente, el control químico consiste en aplicar productos insecticidas registrados y específicos para la plaga, respetando la dosis, frecuencia, forma de aplicación, acción residual y tiempos de carencia, de acuerdo a la recomendación del marbete y con la correcta calibración de maquinarias.Por su parte, el trampeo masivo implica colocar en los frutales botellas plásticas que contengan atrayentes alimenticios (ej: vinagre de manzana o de vino, fosfato diamónico) o trampas comerciales cebadas con atrayentes específicos para mosca de los frutos. Por último, el control cultural consiste en realizar la recolección de frutos caídos y del total de los remanentes de cosecha con una frecuencia semanal, para su posterior destrucción.

Como resultado, los beneficios del control son claros para quienes se dedican a la producción: reducción de las pérdidas de frutas, mejora en la sanidad e inocuidad de los alimentos que producen, posibilidad de exportar sin tratamientos cuarentenarios y apertura de mercados internacionales.

A nivel mundial existen más de 300 hospedantes de mosca de los frutos, entre los cuales se incluyen la naranja, manzana, durazno, mango y pera, entre otros. Al trasladarse por el territorio, es común que muchas personas que viajan –ya sea por trabajo o por ocio– elijan llevar frutas como refrigerio.

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